Abre la puerta, cierra la puerta, a los hijos, a los muertos, parando allí tu tiempo. Sin hambre, rueda el orbe, con el canto del gallo, y así, donde sufren los acordes, la musical gota gótica, yacen condenas. Hay un árbol, un grito escondiéndose en sus ramales, en las distancias, y en los siderales vacíos, sea su penumbra, hilarante multitud. Llevo en este aire rendido, secretos, cunas de sabor sobrenatural, adormecidas en una épsilon agobiante, o elegías temblorosas entre los círculos, carcomiendo dientes de Dante. Abre la puerta, cierra la puerta, a los escombros dorados de cielo argonauta, no parándome, sembrándome hacia mi frío invierno
JLCollado
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