¡Bienvenida a la tierra de los minerales! ¿Acabaste tu novela?
Comenzaré hablando de los caminos de la sustancia más invisible e impalpable
Me encanta mirar su belleza en mis desolados días
Qué traviesa cascada de rumores, rasga en las grietas de mi habitación desnuda, invisible para los tiempos, me aproxima a los días sin huesos, sabor de lúgubre diablo, con su peculiar sonido rugoso, su pegajoso algoritmo, dudas proyectadas desde un laberíntico cristal que señala mis cicatrices. Veo al mártir. Con su altivo tono gris y ceniza, regresando entre amasijos de años luz, me airea, en zafias danzas de mi suerte sibilina que florece como un carmín de sangre tenebrosa, y me deforma, evaporando los ríos sagrados que riegan mis venas
Un día más soy cáscara de animal, silueta de penumbra vistiendo mi alma maldita,
ocultando entre mis manos el vellocino demoledor, tan tremendo como la noche más oscura. Así, en el estanque de un espejo, en la mirada de las gotas de cristal fecundan mi noche más oscura, con mi alma cautiva
Fe
¿Quién elige entre la ambigüedad atrincherada que se esconde en incertidumbres?
Recorro una vida temblorosa dormido en el vagón de un tren olvidadizo, recuesto mi cabeza agotada sobre la velocidad de mis ojos cerrados en la penumbra que me atrapa
Donde vislumbro puntos
reinos que en mi cabeza brotan
Chispas de espíritus agotados de vida
La extensión de un mundo sin paredes
rocas clavadas en la conciencia
A veces me fundo en tiempo
¡Transformado en punto!
Engolado en una mágica referencia
De oscuridades que alargan mi existencia
¡Ay, sin embargo, cuando tú me hablas! Huyen mis ojos de la destrucción, dejo de leer al verbo maldito en esa penumbra que envuelve tus dedos
Y descubro aquel paisaje mortecino escondido tras la densidad de la niebla, cargando su aterrador perfume sobre mi espalda
El mar se vacía de peces
Transcurrido el medio día
No hay flores nuevas tras la noche, solo la soledad de mis lágrimas errantes, displicentes con el calor de mis mejillas desnudas
Observo en los cielos sus planetas fantasmas, decolorados fantasmas sin sombras anunciado el lugar donde habita mi destrucción
Es el décimo mes del trígono sobre todas las cosas
Y las preguntas se clavan en mi piel, por la ausencia de los ángeles en las carcasas de un iPhone, símbolos dibujados por unos sencillos dedos. ¡Oh criaturas!
Si la lluvia perfora otra lluvia, al dormir los hijos de los ángeles, al asomar el deseo de los demonios, si el verde riachuelo se recrudece al arrullo del grajo escondido, con su indeleble voz, haciendo esperar la deseada revelación en cualquiera de mis calles, si el dedo largo de la muerte tiembla, es que la luna duerme agigantada
...devuélveme al vestidor del tiempo, saltando con la oscuridad de los juncos, entre las miradas que ya no existen, salvo en eun lejano baúl
Tenebrosos vacíos donde
Mis expresiones malditas no acaban en mi lengua de asfalto, blanda como el miedo, sinuosa como el hambre de los días; la maldición es un simple escondite, donde muero vestido de bailes
Siglo XX, nos hemos encontrado, tu vistiendo de luz, lis de las hijas de Saturno, y yo vistiendo de noche, en una profunda alegoría. Me pregunto si es mi casa eterna. Me pregunto si el rosal encuentra su final
Soy una señal en tu vocación, tejida en mi frente con el sudor de la inquietud, de esperpento estrangulado sobre el rocio del sacro invierno
Aunque los números nos hacen daño.
Con Sus mentiras
Sus espejismos
arrastrándome hasta fundirme con el único deseo al que podría llegar
Sin preguntas, la pluma zozobra frente al frío de la ventana cerrada,
Aquella prisión huérfana de abedules
La cara se desintegra con el tiempo si no hago preguntas
Hace tiempo que me persigue el gris de la mañanas

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