Cuando Arcas y maledicencias, canículas de la noche, solventaban trazos en la lejanía de los árticos...no era cristal, eran días de hielo Y aún llevo tu fotografía, viajando tras las secas nubes, entre los amigos de las estrellas y sus mutantes relámpagos, cruzando los restos de los males y equidistancias, fabricando esta sombra mía En mitad del silencio, el fantasma extraviado, resucitado con letras de araña Sus ojos fijos, señalándome, depositados en mi alma
Acto II (de los escombros a las matemáticas)
Volver, donde nunca estuve y todo existió Éramos humanos tras el escondite. Huesos en el silencio Pisadas sin huella, el albor apagado y la muerte extinta... He dejado esta casa, y los perros, los años, la tristeza, y sus inacabables muros Todo yace bajo la perpetuidad de los escombros En el enigmático punto de todos los inicios
Hay ardor en toda esta penumbra, volátil sueño, que no despierta Y derramo sus visiones del pasado sobre el papel difunto Resucito con cada despertar
En una visión aproximándose por el camino de los números
Acto III (destinos)
El nicho de los hombres Rompiendo el brillo de las prófugas estrellas Trompetas amarradas a los labios de los moribundos Amén, cenizas en la profundidad del cosmos, flagelo de dioses
La llana Madre, aparentemente dormida, sin miedo a la música de Celestia Un vestido hilarante, en pose de bello angel, corona silenciando su pelo liso y ario Hay dos flores de bello espejo frente a sus ojos apagados Frenando el diluvio Soñando en la oscuridad del recuerdo