Palparé la melancolía de las ausencias en el milagro de los valles, palparé su hambruna con dedos de un frío ártico y ermitaño, esculpiendo el vacío a mis sentidos. Los destinos son soeces, el asombro de un tiempo inagotable con su mármol blanco cubriendo inertes ideas que un día fueron látigos del sol y su hoy anuncia flores marchitas entre los ojales de la niebla. La noche será violeta y su dulce olor escondiendo guiños al crujir del caos y del orden de las plumas. Nada tengo que no me pertenezca, siervos amedrentando a las noches y mi visión de tus cabellos fantasmales como su propio aire, resistiéndose, a la lujuria de los sucesos, fuera un simple lloro ¡Oh! yo el árbol que roza tu destino
JLCollado
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